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jueves, 16 de marzo de 2017

Sebastian vive en un sueño cada vez más real

Más de quince años atrás Sebastián Dechamps no imaginaba poder representar a su país en juveniles y mucho menos poder vestir la camiseta argentina en la selección mayor, el solamente quería jugar al handball junto con sus amigos. Criado en el seno de una familia quilmeña pasó su infancia en el colegio Sagrado Corazón de Jesus donde conoció a todos sus amigos, quienes comenzaron a practicar este deporte a los ocho años con él. "Todos los hermanos más grandes de mis amigos jugaban y como todos... queríamos seguirlos" dice el joven de 23 años.


Si bien sabe que su familia es su casa, no puede evitar emocionarse cuando habla de su segundo hogar: el Alemán de Quilmes, donde conoció este amor tan puro que lo sigue acompañando. En juveniles deslumbró con su capacidad en los mundiales y Juegos Panamericanos, lo que le significó una oportunidad para entrenar en la Selección mayor. 
"Fue un proceso de un año y medio donde aprendí mucho del juego y también como persona, vivir un Mundial es lo máximo que le puede tocar a un deportista... fue uno de los sueños que cumplí"



Siendo modesto y humilde como siempre afirma sin miedo: "En cuanto a mi juego, lo mejor que tengo es la defensa, marcar de avanzado es mi fuerte", pero no se olvida de la otra parte y sabe que debe mejorar algunos aspectos ofensivos. El mejor jugador de la historia del Handball Argentino, Eric Gull, hace tiempo me dijo que el futuro de Sebastían sería tremendo y el joven no puede evitar emocionarse con las palabras de su ídolo: "Que el Flaco diga algo así de mi me llena de orgullo, es una emoción. Aprendí mucho y sigo aprendiendo de él, soy un agradecido de tenerlo tan cerca"



Si bien el juego y el papel de Argentina en el mundial no fue de lo mejor, Sebastian tuvo la chance de anotar su primer gol a los pocos segundos de debutar y cuando lo piensa con tiempo los ojos se le inundan. 
"En el momento no lo pensé, tenía que volver rápido para defender, pero es algo muy satisfactorio que no se te borra nunca más de la cabeza"

Palabras como humildad, sacrificio y esfuerzo describen a la perfección a este gran jugador de balonmano. No sabe que será de su futuro, si se irá en algún momento a Europa para poder seguir creciendo pero lo importante es que nunca olvida lo que es y gracias a quien: "Mi familia me apoyó siempre, en todo. Y que mis amigos con los que empecé se hayan emocionado con mi participación en el Mundial es lo máximo, esto también es de ellos".

Ni bien llegó del Mundial se fundió en un cálido abrazo junto con sus amigos de toda la vida, con los mismos que hace quince años atrás comenzó a vivir un sueño que cada día es más real.


viernes, 14 de octubre de 2016

Nació para los deportes, nadie puede negarlo


Cuando aterrizó en el mundo, 29 años atrás, Esteban Monges era como casi todos los niños del país "un enfermo del fútbol" como él lo denomina. Según se define, siempre fue un apasionado de los deportes y cuando era un niño era ágil y atlético. 

Cuando solamente tenía doce años hizo una travesura de chico: escaparse de su casa con su hermanastro pero desde esa noche nada sería igual. "Mi hermana estaba en el Río y teníamos ganas de ir, así que fuimos a lo de mi tío y como no estaba volvimos a casa. Aparecimos en una de las paradas de la Panamericana y se nos dio por cruzar, ahí tuve el accidente" comenta el joven criado en Munro

Y si ¿Como no iba a cambiar? Esteban sufrió amputación de su pierna izquierda y debía empezar desde cero. Durante una larga rehabilitación tuvo que empezar a moverse en pileta y de ahí su kinesiologa lo mandó a la Universidad de Ortesis y Prótesis

"Me hicieron un cono de enchufe para poder usar la pierna ortopédica y conocí a Silvia, quien me invitó a ver un entrenamiento de básquet en silla de ruedas"


Fue a ver un partido, luego dos y después del tercero ya tenía un nuevo deporte en su vida: "Me encantó, empecé de a poco pero cuando entré al club Adima aprendí todo sobre esta disciplina y comencé a jugar" afirma. Como además de vivo para los deportes siempre fue soñador, intentó en otro deporte totalmente distinto: el handball.

"Hicimos una exhibición en la Universidad de La Matanza y luego conocí al entrenador de la Selección Argentina de Handall en Silla de Ruedas (Fernando Mirovich) y a partir de ahí practiqué las dos al mismo tiempo. Me gustan las dos por igual, pero creo que en el handball soy un poco mejor"
Estuvo mucho tiempo en pareja con Marina, con quien tuvo cuatro hijos que viven en Buenos Aires (Nahir, Yasmin, Pablo y Joel). "Los quiero mucho y los tengo lejos, pero igualmente siempre que tengo tiempo saco pasaje y me voy a verlos, ellos me dicen que me extrañan y yo no dudo en ir" cuenta con una sonrisa en el rostro.

Si a ese chico le encantaban los deportes, a este joven de 29 años lo vuelven loco... estuvo en la preselección de la sub-22 de básquet, entrenó muchas veces con la selección de fútbol y desde 2011 es jugador de la Selección Argentina de Handball Sobre Sillas de Ruedas

Fue precisamente en el handball donde más éxitos tuvo con el país. "En el 2011 en Sao Pablo viajamos gracias a los técnicos y salimos subcampeones del mundo" dice una y otra vez. Pero sabe que lo más lindo de todo que fue otro logro: 


"Lo que pasó en el 2014 fue hermoso, salimos campeones en la modalidad 4 contra 4 y jugando de local".


Ya jugaba en la selección de handball y se le dio la posibilidad de ir a jugar a Newells a los 25 años pero al básquet, no lo dudó y se fue a vivir a Rosario, donde no solo siguió desarrollando sus actividades deportivas sino que también conoció a Susana, su actual pareja y madre de Bianca, su quinta hija. 


"La conocí en el Club, ella también juega al básquet y está en la Selección femenina de básquet adaptado. Jugabamos juntos y nos enamoramos" 
Y así el chico que mucho tiempo se pasó llorando y diciendo ¿Por que a mi? después de su accidente comprendió que la vida lo enfrentó con una grave lesión pero que gracias a su fuerza de voluntad y la de su familia y amigos pudo cumplir el sueño de ser deportista.

Había nacido para los deportes.
Y nada podía evitar que eso pasara.